EN EL CAMINO DE MANDALAY

por Marcos Callau

mandalay

 

Desde la actualidad escuchamos el nombre de Mandalay como una antigua y exótica profecía o como una suerte de paraíso idealizado, un Shangri-La que se desvanece irremisible en la niebla de los horizontes perdidos que hallamos desdibujados en la vorágine del siglo XXI. Se erige ahora transformada en parque de atracciones para insípidos turistas de prisa y teléfono/cámara colgante o pendiente de un “palo selfie”. Pero ciertamente, Mandalay es la segunda ciudad más importante de Birmania y su antigua capital bajo el mandato de los británicos hasta 1947 Precisamente, tuvo que ser un escritor británico nacido en Bombay quien, respondiendo indudablemente a sus raíces, dedicara parte de su obra a esta ciudad y en especial, un extenso poema incluido en su libro “Barrack room ballads”. Fue Rudyard Kipling quien, en una precisa y romántica oda, dibujó literariamente el paisaje de Birmania, haciendo referencia expresa a Mandalay (así se titulaba el poema) pero también a otras ciudades como Mawlamyine y a hitos arquitectónicos que atesoran parte de ese mitológico y majestuoso pasado que impregna su Historia, como la Pagoda Moulmein (Moulmein, como Mawlamyine, en el idioma británico).  LEER MÁS–>

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