ATEÍSMO Y SOLEDAD: JEAN PAUL RICHTER

Sin Dios el yo está solo:
la increencia es ciega ante la totalidad
(Jean Paul Richter)

retrato

FILÓSOFO ANDRÉS ORTIZ-OSÉS

Andrés Ortiz-Osés estudió teología en la Universidad Pontificia Comillas y posteriormente filosofía en la Universidad Gregoriana de Roma. Más tarde se trasladó a la Universidad de Innsbruck (Austria) donde se doctoró en filosofía hermenéutica. En Innsbruck asistió a las clases de Gadamer, Emerich Coreth y Franz-Karl Mayr. Ha colaborado con el Círculo de Eranos (Suiza), inspirado por Carl Gustav Jung y del que han formado parte Karl Kerenyi, Mircea Eliade, Erich Neumann, Gilbert Durand yJames Hillman entre otros. Es fundador de la hermenéutica simbólica.  (Wikipedia.org)

1.-Jean Paul Richter

La idea de que el ateísmo lleva a la soledad existencial procede especialmente de Jean Paul Richter (1763-1825). En su “Discurso de Cristo muerto”, este literato alemán presenta a Jesús desde lo alto del cosmos diciendo que no hay Dios. Se trata de un extraño sueño o pesadilla, que muestra precisamente lo que significaría la muerte de Dios: soledad existencial y desamparo esencial, sinsentido y absurdo, hundimiento del cielo en el mar. El Evangelio o buena nueva de la existencia de Dios se convertiría en Disangelio o mala noticia de la inexistencia de Dios, la cual conlleva la nada y lleva al nihilismo.

La intención de Jean Paul Richter es exorcizar el ateísmo a través de un Discurso radical, el cual funciona a modo de shock romántico o emocional. Pero lo estrambótico del caso es que los ilustrados franceses, a partir de una traducción truncada del texto original, malinterpretaron el Discurso como ateístico, en la línea posterior de F. Nietzsche. En realidad J.P.Richter, que es un ilustrado romántico, afirma el teísmo y concibe al hombre como hijo de la madre Naturaleza (naturalismo) y de un Dios padre (sobrenaturalismo), lo que funda la fraternidad interhumana.

Frente a la religión y su religación, la irreligión significa aquí asfixia mental y orfandad cósmica, angustia metafísica y derelicción, irreligación y abandono metafísico.

2.-Teología y filosofía

En su obra “Cuatro poetas desde la otra ladera”, el teólogo Olegario González de Cardedal ha examinado el Discurso de Jean Paul Richter teológicamente. Nuestro teólogo interpreta bien el texto original alemán, así como su crítica irónica al ateísmo, por cuanto este recae bajo el destino ciego del azar irracional y la necesidad férrea, del vacío y el caos. La autoafirmación excluyente del hombre frente a lo divino o sagrado, hace del hombre su propio dios creador y su ángel exterminador, puesto que la creación armónica se pervierte en disarmonía diablesca, presidida por la serpiente de la eternidad y sus anillos devoradores del tiempo demónicamente.

O.G.Cardedal critica también con razón la recepción ateística por la Ilustración francesa de este texto teísta y romántico de Jean Paul, hijo de un pastor protestante, estudiante de teología,  humanista cristiano y cristiano humanista. El problema surge cuando nuestro teólogo español proyecta una figura o figuración de Jean Paul como teísta debelador o demoledor de ateístas, cuando en verdad es una figura ambivalente y mediadora situada entre la Ilustración y el romanticismo, un tipo interesante que afirma la finitud aunque abierta al infinito, que asume la razón ilustrada y el sentimiento romántico, la razón natural y el sentido cristiano, y que finalmente asume una especie de resignación humana con humor a lo Schopenhauer.

Jean Paul Richter es así doble o dúplice, un “doppelgänger” según su propia acuñación, un mezclador de contrarios que le confiere cierta fama de raro, frente a puristas o extremistas teístas o antiteístas, religiosos o irreligiosos, clericales o anticlericales.

3.- (Filosofía y teología)

El problema de la teología de Olegario González de Cardedal es que rescata el teísmo de Jean Paul para arremeter contra el ateísmo tanto ilustrado como romántico. Nuestro teólogo español no dialoga compasivamente con el doliente acento de tantos incapaces de creer a causa del mal y los males del mundo, sino que los trasciende. Si Jean Paul muestra la soledad del ateísmo, aunque cada vez esté más acompañado, Olegario muestra la insolidaridad de su teísmo militante, frente al cual no extraña que el incrédulo prefiera la soledad a ciertas credulidades. San Pablo habla del increyente como un hombre sin afecto (Rom. 1, 31), pero también el creyente puede caer en la desafección.

O.G.Cardedal ataca a la Ilustración por racionalista y al romanticismo por irracionalista, pero J.P.Richter trata de remediar la razón y el sentimiento. Nuestro teólogo español critica la deriva protestante anticatólica, pero nuestro literato alemán vive su protestantismo abierto en medio del ámbito católico (bávaro). Richter trata de dialogar con ilustrados y románticos, católicos y protestantes, ateos y teístas; pero Cardedal solo salva por los pelos a Pascal, Kierkegaard y Dostoievski, mientras que sus damnificados son Lutero, Descartes y Kant, Hegel y Nietzsche, Vigny y Nerval, Musset y Baudelaire, Rilke, Bloch y Borges,  incluso el pobre Jiménez Lozano. Todos son descalificados por su humanismo demasiado humano, en nombre del Absoluto que según nuestro teólogo encarna el Dios cristiano.

Y, sin embargo, el Dios cristiano se encarna humanamente, sufre kénosis y aniquilación, la cual no es luciferina sino divino-humana. Esta es la letra del cristianismo, cuyo sentido simbólico dice resurrección o trascendencia. Pero nuestro teólogo no parece apercibir suficientemente el abandono del hombre en este mundo, que es el abandono de Jesús en la cruz. De esta forma se consolida una ortodoxia religiosa frente a otra ortodoxia irreligiosa, un teísmo militante frente a un ateísmo también militante.

4.-Ilustración romántica

El famoso Discurso de Richter es una crítica de la soledad del ateísmo, así como un encomio de la compañía de la religión. Y, en efecto, la religión acompaña al hombre no solo simbólica o espiritualmente, sino también social y eclesialmente. Claro que el ateo, como adujimos, se siente mejor solo que con tal compañía, al tiempo que redobla hoy su acompañamiento puramente inmanente. Según el creyente, sin Dios no hay sentido; pero el increyente matiza que no hay sentido trascendente, aunque sí inmanente. El peligro del creyente es entonces el trascendentalismo o supranaturalismo; el peligro del increyente es el inmanentismo o materialismo.

Precisamente la figura de Jean Paul ofrece un doble cauce de trascendencia e inmanencia, de idealismo y realismo, de infinitud y finitud. Es verdad que, como dice Olegario, la Ilustración es demasiado Prometeo, mientras que el romanticismo es demasiado Sísifo. Pero la conciliación de nuestro autor alemán posibilita una correlativación de los contrarios coimplicados en una “Ilustración romántica”, cuyo lema dice razón y corazón, objetividad y subjetividad. El hombre es precisamente la síntesis de esos contrarios.

El poeta Heine hablaba de los “monjes del ateísmo”, oponiéndolos así a los monjes del teísmo. El peligro de ambos monacatos es el mismo, y dice fundamentalismo o fanatismo, integrismo o purismo. En ambos extremos falta o falla el humor que precisamente poseía nuestro Jean Paul, un humor que desublima lo sublime y sublima lo subliminal. El propio Richter comienza su famoso Discurso irónicamente, al escribir que tanto los afirmadores de Dios como sus denegadores o denigradores ya no lo hacen con la pasión desaforada de antaño. Y es que hoy sabemos que el creyente afirma el bien y lo bueno de la creación, mientras que el increyente confirma el mal y lo malo de la creación.

5.-Conclusión

En conclusión se trataría de consignar y coafirmar paradójicamenter el bien y el mal, Dios y el diablo, lo positivo y lo negativo. Lo cual nos conduce a una coafirmación de creencia e increencia, fe y razón, corazón y cabeza.

Pienso que este sería el mensaje soterrado del Discurso de Jean Paul Richter, la coafirmación del teísmo positivo y del ateísmo positivista o crítico, de la apertura y del límite, del infinito y lo finito, del todo y de sus partes, de la vida y de la muerte.

Para decirlo con una palabra final, se trataría de asumir la presencia y la ausencia de Dios en el mundo. En donde el creyente proyecta la apertura o trascendencia, y el increyente el límite o inmanencia. El hombre es así un Doppelgänger, doble o dúplice, de acuerdo con la propia acuñación de Richter, así como con la definición que Rilke ofrece del sentido humano: un sentido humano dual o dualizado (Zwiespalt).

(Nota bibliográfica)

—Olegario González de Cardedal. Cuatro poetas desde la otra ladera, Trotta, Madrid 1996.

—Andrés Ortiz-Osés, El Dios heterodoxo, Institución Fernando el Católico, Zaragoza 2014.

—Varios, Diccionario de hermenéutica (Deusto), así como Diccionario de la existencia (Anthropos).