EN EL CAMINO DE MANDALAY

por Marcos Callau

mandalay

Desde la actualidad escuchamos el nombre de Mandalay como una antigua y exótica profecía o como una suerte de paraíso idealizado, un Shangri-La que se desvanece irremisible en la niebla de los horizontes perdidos que hallamos desdibujados en la vorágine del siglo XXI. Se erige ahora transformada en parque de atracciones para insípidos turistas de prisa y teléfono/cámara colgante o pendiente de un “palo selfie”. Pero ciertamente, Mandalay es la segunda ciudad más importante de Birmania y su antigua capital bajo el mandato de los británicos hasta 1947 Precisamente, tuvo que ser un escritor británico nacido en Bombay quien, respondiendo indudablemente a sus raíces, dedicara parte de su obra a esta ciudad y en especial, un extenso poema incluido en su libro “Barrack room ballads”. Fue Rudyard Kipling quien, en una precisa y romántica oda, dibujó literariamente el paisaje de Birmania, haciendo referencia expresa a Mandalay (así se titulaba el poema) pero también a otras ciudades como Mawlamyine y a hitos arquitectónicos que atesoran parte de ese mitológico y majestuoso pasado que impregna su Historia, como la Pagoda Moulmein (Moulmein, como Mawlamyine, en el idioma británico).

Diez años transcurrieron desde que los británicos abandonaron su colonia en Birmania hasta que Frank Sinatra entró en un estudio de grabación el 1 de octubre de 1957 con la intención de registrar unos temas para su próximo LP Este nuevo álbum sería un compendio de canciones swing y baladas dedicadas al viaje a diversos países del planeta y a lugares que el pueblo norteamericano pudiera considerar exóticos. Esto es, desde el sempiterno París hasta la isla de Capri, pasando por Roma, Londres, Brasil o Mandalay. En la portada de este nuevo disco, un retrato sonriente de Frank Sinatra tendía la mano, invitando a tomar un aeroplano de la compañía TWA (esta publicidad subliminal desagradó profundamente al cantante). El disco y su tema principal también fueron utilizados para fomentar el viaje en avión, que no gozaba por aquel entonces del mayor éxito entre la todavía amedrentada sociedad norteamericana. “Come fly with me” era el título de aquel LP y de su primer single. Incluida en su repertorio se encontraba una controvertida composición de Oley Speaks titulada On the road to Mandalay basada en el poema Mandalay de Rudyard Kipling. El arreglista de Sinatra para esta canción, Billy May, buscó la manera de crear con la orquesta un ambiente diferente, exótico y onírico que, a su vez, estuviera dotado del magnífico swing que fraseaba Sinatra en aquella época, sello de identidad del cantante en su etapa con la discográfica Capitol. El resultado fue un arreglo musical rozando el surrealismo, con constantes cambios de ritmo, un final inesperado, una contagiosa base rítmica de jazz y sonidos que remitían inevitablemente a la música asiática, incluyendo instrumentos birmanos como el idiófono, el sing o incluso, el clásico sitar hindú.  Ese mismo 1 de octubre de 1957 Sinatra rompió a carcajadas tras la primera audición del arreglo. “¿Cómo quieres que grabe esto, tío Billy?”, preguntó irónico al arreglista. Afortunadamente, tras dos ensayos desechados, registró la canción y se incluyó como tema de cierre para la cara A del LP. Ahora resulta una de las piezas más interesantes de su discografía. Pero la controvertida historia que rodea “On the road to Mandalay” no termina aquí.

“Come fly with me” fue un éxito de ventas internacional. En Estados Unidos se mantuvo en el número uno durante cinco semanas y fue nominado Disco del Año por los premios Grammy. En Europa, su éxito fue rotundo, pero al desembarcar en aguas británicas, tuvo algunos problemas. La familia Kipling mostró su total desacuerdo con la interpretación de Sinatra sobre aquella canción basada en el poema del conocido y respetado autor de “El libro de la selva”. Tanto es así que el LP fue censurado. La discográfica Capitol, para poder vender el álbum en Gran Bretaña, tuvo que sustituir la canción “On the road to Mandalay” por otros temas grabados por Sinatra anteriormente como “Chicago”, “French foreign legion” o “It happened in Monterey”. Diversas versiones del LP circularon por Inglaterra en aquellos días. Lo que molestaba profundamente a la familia Kipling no estaba relacionado con la letra de la canción, que solo utiliza las estrofas primera y última del poema original. Mostraron su mayor desacuerdo con el ritmo de swing que se aplicó especialmente para este tema y aludió cierto tono burlesco en la interpretación de Frank Sinatra. Indudablemente, la familia Kipling, a tenor de esta afirmación, no solía escuchar frecuentemente al cantante italoamericano.

No se encontraba “On the road to Mandalay” entre las canciones preferidas de Frank Sinatra pero, debido a la censura y al revuelo causado en Gran Bretaña, siempre que tuvo ocasión, la interpretó en directo. Lo hizo en 1959, en Sidney y un año antes, en el Sporting Club de Montecarlo, por cierto, ante autoridades británicas. Antes de comenzar a cantar, Frank solía explicar las canciones. En el concierto de Montecarlo, tras interpretar “On the road to Mandalay”, bromeó: “El público británico no entendió esta canción. Rudyard Kipling, tampoco. Seguramente deberían beber un poco más”. Evidentemente, Rudyard Kipling no llegó a escucharla nunca. Murió en 1936 cuando Birmania todavía era colonia británica. Pero Sinatra siempre se aseguraba de impregnar sus conciertos con ese humor negro que lo caracterizaba y de esta manera, enviar “globos sonda” a sus detractores, en este caso, a la familia Kipling y en general, a todo aquel que como fin tuviera el coartar la libertad de expresión.