“GO BACK HOME”

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RAÚL HERRERO

A menudo las biografías de los filósofos se encuentran salpicadas de interesantes anécdotas a las que el autor de turno suele aludir para aligerar el tono del texto. Tal vez sean las emparentadas con los filósofos de la antigüedad las que más nos estimulan por su carácter mítico y también porque, a menudo, van acompañadas por sentencias certeras. De entre todos ellos sentimos especial predilección por Diógenes, por la escuela cínica en general, también por Antístenes, al que se tiene por fundador de la misma y al que se le conoce por el apelativo de «Platón loco». ¿Cuántos tenidos por locos ha sido los más cuerdos del lagar? Del anecdotario del mencionado Diógenes traemos al lector el relato que justifica el encabezamiento de esta gaceta audio-visual. Al parecer nuestro amigo se paseaba por el foro de Atenas a plena luz del día con un candil encendido gritando: «Busco a un hombre». Otras versiones de esta historia añaden que cuando le preguntaron por el motivo de esa conducta, el filósofo respondió: «Busco a un hombre verdadero». A veces se sustituye el adjetivo final por otros que en mayor o menor medida vienen a significar lo mismo.

En este lugar, donde el lector tiene ya su casa, esperamos encontrar a mujeres y hombres de verdad, con algo que decir, o que desdecir, que se sientan poseídos por la fiebre de Orfeo, que «poeticen» más que polemicen con gratuidad, que filosofen, que vayan en busca, como diría el filósofo Andrés Ortiz-Osés, del «fratriarcado».

La anécdota arriba detallada ha sufrido a diferentes glosadores y exégetas.  A nosotros se nos antoja incidir que en ocasiones, los incapaces confunden genialidad con excentricidad, pues seguro que de ese modo sería calificada hoy la peculiaridad de nuestro filósofo. A esos excéntricos locos, libres y brillantes clamamos desde aquí.

Canta, ¡oh, musa!, las glorias de los excéntricos.

Y me viene al pelo la declaración de Salvador Dalí: «Soy excéntrico y concéntrico». Es decir, me encuentro fuera del centro y en torno al centro. Según la tradición en el centro de la tierra se encontraba el paraíso terrenal, el ombligo suponía su equivalente en el cuerpo humano. Y como el lector ya habrá sospechado sin ombligo no hay nacimiento, con excepción de Adán… Arrabal en su pieza Pingüinas resume lo que intentamos trasladar al lector del siguiente modo: «No vinimos al mundo ni para ser más ricos, ni más influyentes, ni más famosos  sino para confortarnos y confortar con palabras de poesía, de libertad, de tolerancia, de ciencia y de amor». Los que así piensen, que nos sigan.

“∞ + Ω”