La Poesía actual en Brasil

Anderson Braga Horta

Anderson Braga Hota y Celia

Anderson y Celia

Somos una nación de poetas aquejados del desinterés editorial y de la escasa adhesión del público.
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Sostificación de los poemas, desvanecimiento de la educación…. En la prensa la crítica se retrae, los versos escasean. Prolifera una poesía menos elitista, de letras de música y hay una gran exaltación en internet. Se publican libros, pero en edición limitada y generalmente costosas para el autor. Esta situación contrasta la importancia del género, al que dedico esta breve reflexión.

En el barroco se destaca a Gregório de Matos, o Boca do Ingerno, temible crítico social, y posteriormente los árcades vinculados a la Incondifência Mineira, malogrado movimiento independista y republicano. Cito también a Cláudio Manuel da Costa, que murió (o dieron muerte) en prisión, y Tomás Antônio Gonzaga, desterrado en Mozambique.

El nativismo tiene un claro representante en Gonçalves Dias. Álvares de Azevedo: a la influencia portuguesa se acrecientan otras, el idioma literario se modula más adecuado a la ligereza tropical.
Aparece Castro Alves, voz romántica antiesclavista. Bilac traerá una lírica amorosa y una inspiración patriótica igualmente apasionadas. Después el Simbolismo (Cruz y Sousa, Alphonsus de Guimaraens, y hasta Augusto dos Anjos), el Modernismo acogerá varias corrientes, en verso regular o libre, libertad temática, aproximación entre la lengua del poema y la del pueblo, apertura a lo universal y aceptación de nuestras realidades: Bandeira, Jorge de Lima, Cecília Meireles y Drummond de Andrade – múltiplo, inigualable, el mayor poeta social desde Castro Alves. (Ah! Un nicho para Vinícius, lírico-amoroso, letrista y compositor musical). La Generación de 45 se opone a los excesos, pero incorpora novedades. Aumentan movimientos vanguardistas (Concretismo, etc.) que impulsarán el aprés-midi del siglo. Antes del golpe de 1964, en la serie Violão de Rua, Moacyr Félix reúne autores bajo una bandera común: la justicia social. Agotadas ya las vanguardias y ahogada también la poesía del compromiso, apareció la Geração Mimeógrafo: jóvenes que esquivaban obstáculos editoriales o censurables imprimiendo ellos mismos, precariamente, sus libros y vendiéndolos, románticamente, en las calles…

Las etiquetas pierden sentido. Hay una gran variedad de buenos poetas. Resulta arriesgado numerarlos, incluso temerario, en cortos intervalos de tiempo y espacio, individuar tendencias. Recuerdo, entretanto, algunos nombres, de entre los desaparecidos desde final de siglo: Guimaaraens Filho, Carvalho da Silva, Ledo Ivo y, destacadamente, João Cabral, de 45, además de Hilda Hilst, Marly de Oliveira, Francisco Carvalho, Fernando Mendes Vianna, Joanyr de Oliveira, Ivan Junqueira. Y concluyo, de este brevísimo panorama, la conclusión alentadora de que la poesía, sin dejar de serlo en su plenitud, tiene reflejado y representado la lucha del pueblo por la ascensión material y espiritual, en términos individuales y colectivos. (traducido por: David Grandío).

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