Los tres ochos tendidos de Ramón Acín Aquilué

Retrato Francisco CarrasquerFco. Carrasquer Launed (1915-2012)
Premio de las Letras Aragonesas 2006

“Recogemos unos fragmentos del extenso artículo, que el poeta Fco.Carrasquer escribió en 2003 para la revista Trébede, donde nos acercó  la figura de Ramón Acín.”

Ramón Acín

…Auténtico personaje neorrenacentista, bien pocos supieron calibrar la polifacética creatividad de nuestro oscense, aplicada con resultados excelentes, cuando no brillantes, a tan variadas y confluyentes disciplinas como el dibujo, el grafismo, la pintura, la escultura, la literatura, la didáctica y la pedagogía, el coleccionismo arqueológico y etnográfico, etc. Pero toda esta multidisciplinariedad tan rica como varia, no vale nada si la ejerce un réprobo de la ley vigente, un clandestino mentor tan políticamente incorrecto que ni siquiera va a votar.

Tracemos un esbozo biográfico con hincapié en la figura de nuestro héroe: como carácter, cosmovisión e influjo en la sociedad en que vivió y en su posteridad que ahora vivimos.

…Ramón Acín Aquilué nace en Huesca el 30 de agosto de 1888 (tres ochos tendidos=3 infinitos, a los que alude el título y retomaremos al final como colofón) y muere, ¡asesinado!, en la misma ciudad natal, el 6 de agosto de 1936, habiendo vivido, por lo tanto, 48 años menos 24 días.

…Pues sí, al buenazo de Acín no se le podía ocurrir que alguien lo quisiera tan mal como para denunciarlo al sanguinario enemigo, pero los amigos le persuadieron de que, de momento, se escondiese en su propia casa y más adelante huiría toda la familia Acín a sitio más seguro que Huesca, ahora completamente en manos de los adversarios sedientos de sangre. Así que, provisionalmente se buscó un escondite en el sótano. Pero estando ya emboscado fue cuando ocurrió la tragedia. Desde su escondrijo oyó que había llamado a la puerta y bien pronto se dio cuenta de que habían entrado unos falangistas que empezaron a maltratar a su esposa y ante la negativa de ésta a decirles donde estaba su marido, la pegaban brutalmente, hasta que no pudo aguantar más y salió a entregarse, por miedo a que la mataran por su culpa, puesto que los falangistas iban por él. Luego resultó que no sólo fusilaron a Ramón, sino también a su Concha.

…Verosímilmente, se debatía entre la opción de una violencia revolucionaria y su naturaleza moral tan profundamente arraigada que parecía genética, siempre tan respetuoso con la vida, incapaz como era de insultar ni faltarle al respeto ni a su peor enemigo. Y en este sentido de comportamiento ético, representa Acín al libertario español menosista que concebirse pueda. Pudo llamarse anarquista o anarcosindicalista, pero él es el que nos da la cara más simpática y humana de la intelectualidad libertaria española, aquella que no admite violaciones de ninguna índole ni comulga con ruedas de molino, por muy venerablemente barbados que sean los que las hacen rodar.

Al reverso de todo fanatismo, Acín era hombre abierto y libre, que entendía la vida como el material de una obra de arte desde el propio entusiasmo, inocencia y amor. Pues como Acín hubo muchos miles de jóvenes del M.L.E. de entonces, igualmente ilusionados en hacer de la vida una obra de arte y de la sociedad una fiesta de aventuras y nobles empresas capaces de incentivar el auge del sentido común como fermento de la opinión pública, nuestra única salvación contra los abusos del poder. Sí, hubo muchos como él que vivieron la revolución del 36 como levitados por esa ilusión, pero ¡ay! ignorantes de las necesidades mal adquiridas de la historia que implican lucha, violencia y guerra, para luego quedar eliminados. En tanto que Acín, al ser cortado de la historia tan pronto, resulta ser como el glorioso representante de esa legión aludida, esa generación a que yo llamo la de los nobles centauros, víctimas inocentes de los pragmáticos lapitas de todos los tiempos y latitudes, generalmente escudados tras algún tramposo ideal político.

Cultura, fraternidad y libertad

También hay que reivindicar la memoria de Ramón Acín como artista, pero no creo que, como tal, alcance a sernos tan claro modelo como su imagen de hombre sereno, indómito y tolerante. Por ejemplo, es más digno de emulación el hecho de que haya sido el autor y único firmante del manifiesto Fuendetodos, marzo 1746-Bordeaux, abril 1828, que cualquier pintura, dibujo o escultura salida de sus manos. En este manifiesto pega el grito aquél de: , emprendiéndola con la mistificación que se hacía de la obra de Goya al apropiársela la Academia y los estamentos oficiales. O en otro manifiesto redactado al crear la Sociedad Nueva Bohemia, con esta profesión de fe por proclama: . Ramón Acín cree sobre todo en la educación, en la formación de la personalidad más que en el profesionalismo de y más que en la Información que puede ser mediatizada. Cree y se aplica a los métodos de la Escuela Nueva, cuya promoción impulsará con otros compañeros del joven magisterio oscense: Evaristo Viñuales, Francisco Ponzán…, con quienes se asoció para la difusión de la imprenta en la escuela, técnica del pedagogo francés Celestin Freinet, con la que los niños son capaces de investigar, estudiar y escribir e ilustrar juntos su propia revista, que intercambian con revistas de otras escuelas también confeccionadas por los alumnos. Con la imprenta en la escuela, no sólo aprenden los escolares a escribir, entre otras cosas, sino también a responsabilizarse de lo que hacen y, por trabajar en equipo, a contar con los demás, que es lo más importante que tienen que aprender y practicar los españoles.

Como artista, Ramón Acín no estuvo falto de talento e ingenio, aunque no me atrevería a calificar su arte de genial. Fue seguramente mejor maestro de dibujo que dibujante magistral, sin que por eso pueda llamársele un negado para la creación artística; al contrario, era un creador de arriba abajo, empezando desde su propia vida hasta sus ideas, pasando por sus aficiones manuales, sus hobbies y su labor en las artes plásticas. Quizá en lo que más destacó, como artista plástico, fue en la escultura. Sus estilizaciones de chapa metálica recortadas y sus famosas Pajaritas del parque, municipal de Huesca, atestiguan de sus aciertos en el arte escultórico, un arte más que simple y sencillo humilde, como lo califica Antonio Saura.

Articulista libertario

Y ya llegados a este campo, hemos de referirnos al Acín escritor, a su labor periodística en defensa de sus ideas libertarias, actividad que es de esperar haya sido la primera y principal en cuanto la más susceptible de ejercer alguna influencia en la opinión pública con miras a la revolución que se veía venir de 1936, pero que él no vio ni apuntar; tan sólo de oídas le llegó la buena nueva de aquella gesta que, prometiendo devenir el movimiento más radical y profundamente renovador de la historia entera de la humanidad, resultó ser epopeya tan efímera.

Asiduo colaborador del Diario de Huesca, cofundador de la revista Talión, no sólo publicó mayormente en las publicaciones libertarias de Huesca y de Aragón, sino también se hizo leer en otras publicaciones no aragonesas siendo la principal de todas, por su asidua presencia y popular acogida, la “columna” que escribía para la SOLI (Solidaridad Obrera) de Barcelona bajo el tan recordado título “Florecicas”,

Optimismo intransigente

Acín sobrepasaba a los surrealistas en cuadros de humor, como aquel Tren inolvidable que expuso en Barcelona el año 1929 en la desaparecida Sala Dalmau. Viendo las estampas de Barradas de la última época, nos acordábamos de Acín. Y lo mismo viendo cartones de Goya. Sin embargo, Acín era distinto de todos y distinto un día de lo que era él mismo horas antes.

… Sano como el cierzo de Aragón, animoso y afectivo como pocos y como pocos digno y ferviente sin manotadas fue Acín. Era un valor aragonés no cuadriculado en el regionalismo ni en ningún -ismo exclusivista. Supo mirar cara a cara la vida. Y heroicamente, supo también mirar cara a cara la muerte.

Murió de pie, como el legendario Enjolras. Su vida fue corta, pero llena. Los que fuimos sus amigos hemos de pensar en él y recoger su lección de gran maestro. ¡Seamos siempre dignos de él!

…En resumidas cuentas, concluyo convencido de que en esto fue espejo Acín: en avisarnos de que sólo puede salvarse la humanidad por la cultura y que sólo puede ser plenamente feliz por el amor.

… Nació Acín en un año fausto de tres ochos, que, tendidos, son tres infinitos trascendiendo a nuestro Ramón oscense: un infinito de bondad, un segundo infinito de conciencia y un tercer finito de amor. ¡Que estos tres infinitos fertilicen con sus lluvias proliferantes los siglos venideros hasta hacer que los abracen todos los hombres y mujeres.