MACHADO Y EL MAR

retrato

FILÓSOFO ANDRÉS ORTIZ-OSÉS

 

Todo el que camina anda
como Jesús sobre el mar

(Antonio Machado)

Desde cierta perspectiva, en Antonio Machado el mar simboliza el desgüace o disolución de todo, el inicio y final del trayecto, la nada consuntora del ser, el caos abismático de lo real. Pero desde otra perspectiva, el mar machadiano simboliza la propia existencia en ebullición como resistencia y desistencia, como consistencia y desmoronamiento, como médium liquidador y recreador de lo real, a modo de pandemónium mediador.

En síntesis yo diría que el mar en Machado dice vida y muerte, muerte y vida, pues como afirma nuestro autor “la vida es una ilusión marina” y “la muerte es una ilusión del mar”. En donde la vida es la ilusión acuática de la muerte, y la muerte la ilusión acuática de la vida. En consecuencia, el mar machadiano dice límite e implicación, frontera y transfrontera, recirculación de la realidad a través de su surrealidad mortal, en un movimiento de ida y vuelta, es decir, de regeneración.

En Machado la existencia humana dice “caminos sobre la mar”: caminos que no dejan mera huella o impronta terrestre, sino “estelas en la mar”. Hacer caminos es hacer surcos en la mar, surcar el mar, pero sin poder vencerlo heroicamente. El mar no es el dragón o monstruo marino a rematar, como en el Antiguo Testamento, sino el ámbito del remar existencial, el cauce líquido o acuático que discurre entre la tierra y el cielo, la gran mediación simbólica de lo real y lo irreal, del ser y el no-ser, de lo divino o luminoso y lo demónico o nebuloso.

A partir de aquí hay que entender la visión religiosa de Machado, el cual sitúa la figura de Jesús no colgado del madero sobre la tierra, sino caminando sobre el mar. Por eso, cuando nuestro autor comenta los “Tres sonetos a Cristo crucificado ante el mar” de J.Bergamín, se vislumbra un Cristo que reflota en el madero de la cruz en medio del piélago, en el medio líquido o amniótico de su renacimiento, resuscitación o resurrección. Al caminar sobre el mar, Cristo personifica al Hombre mediador de lo celeste y lo terrestre, del ser divino y la nada demónica, entre el espacio de la eternidad y el tiempo del devenir. Machado lo expresa sutilmente: “todo el que camina anda / como Jesús sobre el mar”

Esta mediación radical del mar en Machado lo sobredetermina como el arquetipo de un amor dramático: una mediación dialéctica y diléctica de todas las realidades así trasmutadas y regeneradas, purificadas y trasfiguradas a través de la turbulencia y apaciguamiento marinos. Por eso la clave hermenéutica de Machado no está en vencer belicosamente al mar, que es nuestro elemento dinámico, sino en reflotar en su seno genesíacamente Al modo como el ser heideggeriano reflota en una nada que no es nada sino potencia energética, comparable con el vacío dinámico o cuántico de la física contemporánea.

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