VIVAQUERAJES DE UNA BOHEMIA (I)LUSTROSA

Introducción. ‘Sobre la bohemia’

Poeta Pablo Delgado

POETA PABLO DELGADO

Todos alguna vez hemos oído, escuchado, he incluso opinado sobre el concepto de ‘la bohemia’, es decir, sobre la vida entendida como una forma desordenada y algo rebelde que caracteriza a los artistas. Pero cabría preguntarse una cosa, ¿sabemos realmente de dónde viene tal término? ¿Por qué a todo aquél que lleva una forma de vida diferente al de la medianía social se le denomina con el adjetivo sustantivado de bohemio. Pues sobre tal cuestión quiero reflexionar.

Hoy día el Diccionario de la Real Academia define la bohemia en su tercera acepción como  «La vida que se aparta de las normas y convenciones sociales, principalmente la atribuida a los artistas y al bohemio», y en su cuarta acepción como «Dicho de una persona: Que lleva este tipo de vida»  —lo cual resulta más que evidente—. Ahora bien, si hubiera que acogerse a una definición lo más breve y concisa posible sobre lo que significaba la bohemia artística podría rescatar aquella lanzada no ha mucho tiempo por el escritor y editor Raúl Herrero: «La bohemia es el último intento romántico por hacer del arte una profesión».

Pues bien, fue precisamente en la Francia de comienzos del siglo XIX cuando empezó a extenderse el uso de aquel gentilicio aplicado a los jóvenes y rebeldes artistas que por analogía a los gitanos nómadas —muchos de ellos provenientes de la región de Bohemia— llevaban una vida desordenada, errabunda y sin un oficio estable conocido según el canon burgués. Aunque no está muy claro quién fue el primer autor en aplicar en la literatura el término con su significación moderna, ya hay noticias a finales del siglo XVIII de su uso, y esto puede verse en la obra del Marqués de Pelleport Les bohèmiens; se suele hacer constar que fue la escritora francesa George Sand, la que con su obra de folletín La derniére Aldini (1837-39) lo terminó de popularizar en su sentido romántico y festivo cuando dejó escrito «Salvemos ante todo nuestra libertad, gocemos de la vida a pesar de todo, y ¡Viva la bohemia!»

Aunque dicho lo cual, si hubo a un escritor que, por encima de cualquier otro, se le atribuyó el mérito de haber ayudado a difundir, y consolidar, la visión romántica que de la bohemia y los bohemios todavía hoy subsiste en el imaginario colectivo universal, este fue Henry Murger. El francés publicó primero por entregas, en la revista Le Corsaire, y después en libro sus Scénes de la vie de bohéme (1855). Scénes alcanzó una enorme popularidad y gozó además de conocidas adaptaciones operísticas. En sus páginas el escritor parisino relataba las aventuras de cuatro simpáticos artistas: Marcelo (pintor), Rodolfo (poeta), Colline (filósofo), Schanurd (músico) que sobreviviendo de su ‘arte’ y de la picaresca, protagonizaban una suerte de aventurillas ambientadas todas ellas hacia finales del primer tercio del antepasado siglo. El libro de Murger se convirtió en todo un hito de ventas, y circuló por los cenáculos de jóvenes artistas resultando casi una suerte de manual de ‘la vida bohemia’ para todos aquellos que ansiaban alcanzar el Ideal. Si bien parece que el propio Murger, convertido en verdadero santo patrono de los jóvenes artistas, luego resultó practicar una vida más bien bonachona y adocenada en contra del imaginario colectivo.

Así pues, poetas, autores dramáticos, compositores, filósofos, reporters y otros maltrechos hijastros de las musas, consagraron —bajo aquel influjo romántico— su vida a la captura de una oropelesca ‘Gloria’ con mayor o peor suerte. Sobre sus anécdotas y excéntricos vivaquerajes, escribiré en sucesivos artículos si me lo permite el hado; dando con ello buena cuenta para refocilamiento o enternecimiento del lector contemporáneo.

Anuncios